sábado, 2 de mayo de 2009

Enseñando las "nuevas tecnologías": para verse refeljados y reflexionar

¡Qué gracioso fue descubrir mi faceta Ansgar cuando me inicé en la aventura de "domar la fiera"...
Lo que me impactó en primer término fue el mensaje "si no sabés manejar las nuevas tecnologías sos de la edad media". En la escena aparecen dos personajes. Uno de ellos se encuentra en una habitación y el otro se incorpora unos segundos después y permanecen ambos hasta el final.
La vestimenta del personaje que se encuentra en la habitación es una especie de túnica marrón con capucha. Imagino que es un monje.
La persona que se incorpora tiene atavíos un poco más sofisticados con pieles y de color negro.
La escena está apenas iluminada por la luz de unas velas que acentúan el carácter sombrío y opaco de la habitación y destacan los rostros, especialmente el de Ansgar, el monje. De la otra persona se desconoce la identidad.
Los pocos muebles se adivinan de madera rústica y se amalgaman con las tonalidades amarronadas de toda la escena.
Parece la animación de una fotografía en sepia, lo que nos transporta a una época pasada, muy antigua y nos sitúa en un tiempo al que irónicamente las expresiones populares hacen referencia cuando pretenden exagerar la antigüedad de un hecho "la edad media".
La trama hace referencia a una persona que, acostumbrada a utilizar el papiro para sus trabajos, pide ayuda a un supuesto "asesor experto" porque no sabe manejar "la nueva tecnología", en éste caso, un libro.
Inmediatamente se produjo en mí una asociación entre esa situación y otra muy actual que es el intento de aprender a manejar la tecnología digital.
La cámara inmóvil ubicada en el ángulo inferior capta especialmente el rostro de Ansgar, el nuevo "usuario" y resalta los sentimientos y sensaciones que lo asaltan ante cada hecho. Aparece en la primera toma preocupado por la imposibilidad de utilizar el nuevo medio, concentrado en las explicaciones del experto, luego sorprendido por las soluciones propuestas. Satisfecho por su velocidad de aprendizaje, algo incrédulo ante los beneficios del nuevo sistema ("comparado con el pergamino lleva más tiempo dar vuelta las páginas de un libro"...), frustrado por la sensación de que nunca se termina de aprender todo.
No se utilizó música, ruidos ambientales ni efectos sonoros, salvo las risas que refuerzan el sentido satírico de la producción. Risas que insinúan un público que se divierte con la situación y que parecen burlarse de las imágenes que me asaltan cuando los diálogos me recuerdan conversaciones similares con mi propio "asesor experto" (un hermano de apenas 14 años).
Se trata de una parodia con la que los "inmigrantes digitales" no podemos evitar identificarnos.